OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (828)

Jesús enseñando

1440-1486

Italia

Orígenes, Homilías griegas sobre los Salmos

Homilía I sobre el Salmo 80 (81)

Introducción

Estamos llamados a imitar al apóstol Pablo, que anunciaba la buena nueva de Dios con voz potente, con sonido de trompeta. Al igual que él lo hacían también los otros apóstoles; y lo mismo deben hacer los ministros del Evangelio (§ 5.1):

«Al venir nuestro Señor Jesucristo -de quien el hijo de Navé simbolizaba el advenimiento- manda a los sacerdotes, sus apóstoles, que lleven trompetas de plata labradas a martillo[1], es decir la enseñanza magnífica y celestial de su predicación. El primero, Mateo, con su Evangelio hizo resonar la trompeta sacerdotal; y también Marcos, Lucas y Juan, tocaron, cada uno, las trompetas sacerdotales. Pedro asimismo con sus dos epístolas hizo resonar dos trompetas[2]. Igualmente, Santiago y Judas. Agrega todavía que también Juan tocó la trompeta por medio de sus epístolas[3], y Lucas, describiendo las gestas de los Apóstoles. Pero el último que llegó dijo: “Pienso que, a nosotros, los apóstoles, Dios nos presenta como los últimos de los hombres” (1 Co 4,9); y con las trompetas de sus catorce epístolas, fulminando las murallas de Jericó y toda la maquinaria de guerra de las idolatrías y las doctrinas de los filósofos, las destruyó hasta los cimientos…

… También cada uno de nosotros debe cumplir estas cosas en sí mismo. Tienes en ti a Jesús, Jefe por la fe[4], si eres sacerdote, hazte unas trompetas de plata labradas a martillo[5]; antes bien, porque eres sacerdote -en efecto, has devenido estirpe real (cf. 1 P 2,9) y sobre ti se dice que eres “un sacerdocio santo” (cf. 1 P 2,9)- hazte unas trompetas de plata labradas a martillo a partir de las Escrituras santas, a partir de ella guía tus pensamientos, tus palabras. Por eso sin duda son llamadas trompetas de plata labradas a martillo. Toca con ellas mismas, es decir con salmos, con himnos, con cánticos espirituales (cf. Col 3,16), haz resonar los sacramentos proféticos, los misterios de la Ley, las doctrinas de los apóstoles.

Y si tocas tales trompetas y das siete veces la vuelta (a la ciudad) con el Arca de la Alianza, esto es si no separas los preceptos místicos de la Ley de las trompetas evangélicas; si también hacer salir de ti mismo un armonioso canto con gritos de júbilo, es decir si el pueblo de los pensamientos y sentimientos que está dentro de ti, siempre y acorde profiere la voz, y no que un día digas la verdad y en otra ocasión te manches con una mentira para adular a una persona poderosa; si alguna vez la laxitud no te hace blando; ni la cólera truculento; si no eres arrogante con los sencillos y te muestras humilde con los soberbios; en fin, si no se libran entonces dentro de ti los combates en los que “la carne desea contra el espíritu, y el espíritu contra la carne” (Ga 5,17); si ya dentro de ti armonizan y concuerdan, lanza gritos de alegría, puesto que para ti el mundo ha sido destruido y abatido. Tal era, opino, también aquella (palabra) que (Pablo) decía confiadamente: “Me abstengo de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo” (Ga 6,14)»[6].

Los ángeles hacen resonar sus trompetas espirituales para anunciar las grandes obras de Dios Padre, y la redención realizada en Cristo ((§ 5.2).

Se nos invita a valorar la lectura-escucha de la Sagrada Escritura. Nuestra lectio divina es como un sonar de trompetas espirituales que difunden su sonido hacia las alturas celestiales (§ 5.3).

Interpretando en clave espiritual el tema del novilunio, Orígenes nos propone la celebración de la auténtica fiesta de la conjunción del sol y la luna desde una óptica cristiana: Cristo, sol de Justicia; la luna, nuestra Iglesia (§ 6.1).

El plenilunio es, según una lectura espiritual del salmo ochenta, “la verdadera fiesta celestial”, es decir, la manifestación de la Iglesia para todos, incluso para quienes no son miembros de ella (§ 6.2).

Para quienes se mantienen en el seno de la Iglesia, las palabras del versículo seis se convierten en testimonio y mandato; pero no es así para quienes no permanecen en ella (§ 6.3).

Texto

Con sonido de trompeta

5.1. Recapitulemos el pasaje: me ha dado un salmo, me pide un tímpano, una melodiosa arpa con la cítara. Después de esto me ordena tocar la trompeta y producir un sonido potente (cf. Sal 80 [81],4). Pues se dice que entre los seres humanos la trompeta sea el sonido más grande de todos aquellos emitidos por los hombres mediante cualquier instrumento. Los músicos sostienen que en la música no hay sonoridad más grande que aquella producida por la trompeta. Por eso se la utiliza para estimular los ánimos de los combatientes y para disponer el coraje de aquellos que luchan por las ciudades. La Ley de Moisés utiliza las trompetas para dos géneros [de situaciones]: para levantar las carpas de Israel, a fin de que que combata cuando suenan; y para las fiestas del Señor, como está escrito en [el libro] de los Números (cf. Nm 10,2-10). También a nosotros se nos ordena soplar las trompetas para producir un gran sonido: “Sube sobre un monte elevado, tú que das buenas nuevas a Sión; eleva tu voz con fuerza, tú que das buenos anuncios a Jerusalén, alcen [la voz], no teman” (Is 40,9). Y el último salmo [dice]: “Alábenlo con el sonido de la trompeta” (Sal 150,3). ¿Quién sino Pablo puede con sonido de trompeta resonar Dios con sonido de trompeta? Porque él era alguien con voz potente y, si acaso algún otro santo lo quisiera, él era de tal género. 

Los ángeles hacen sonar las trompetas

5.2. ¿Quieren ver cuán grande era esta trompeta espiritual, aunque no lo quieran los amigos de la letra? Incluso los ángeles utilizan la trompeta: “Porque la trompeta resonará y los muertos resucitarán incorruptos[7] en Cristo (cf. 1 Co 15,52), y el Señor mismo a una orden[8], a la voz de un arcángel y con la trompeta de Dios descenderá del cielo” (1 Ts 4,16). Tal vez, nosotros, cuando escuchamos estas palabras, ¿pensamos que en el cielo hay orfebres o alguien que fabrica trompetas para los ángeles, para que los santos ángeles soplen las trompetas y los muertos se levanten al son de las trompetas? ¿O que el poder sonoro mediante el sonido de las trompetas significa las doctrinas grandes y divinas? Y si los ángeles hacen sonar las trompetas de forma indiferenciada, ¿no hay ninguno que combata en la batalla?

Trompetas celestiales de gran sonido 

5.3. Por esto, oremos, para que, si tenemos una trompeta, no proclamemos ocultamente, sino, como corresponde al sonido de la trompeta, hagamos todo con diafanidad. El Apocalipsis de Juan está lleno de muchas trompetas: “El ángel tocó la trompeta” (Ap 8,7), y sucedió tal cosa; después toco de nuevo y sucedió otra cosa (cf. Ap 8,8). Y que podamos ver una gran cantidad de trompetas celestiales y divinas que tocan los ángeles de Dios. Y si la Ley contiene la sombra de las realidades celestiales (cf. Hb 10,1), y se habla del modelo de las trompetas sobre el que tratamos antes, eleva las trompetas hacia aquellas trompetas celestiales de los ángeles y su gran sonido, leyendo sin los velos aquellos que encontramos en Juan o en alguna otra parte de la Escritura y en Pablo[9]. 

El novilunio

6.1. “Toquen las trompetas” (Sal 80 [81],4). ¿Pero cuándo? “En el novilunio” (Sal 80 [81],4). Porque [el salmo] dice: “Toquen las trompetas en el novilunio” (Sal 80 [81],4). ¿Y cuándo? “En el día solemne de la fiesta de ustedes” (Sal 80 [81],4). En el novilunio sucede la conjunción de la luna con el sol, y la luna y el sol llegan a encontrarse sobre la misma vertical. Si esto es el novilunio, mira para mí aquella luna que es iluminada por el sol: la Iglesia; mira para mí el sol de justicia: mi Señor Jesucristo[10]. Por tanto, mientras que la Iglesia de Cristo se encuentra unida [con Él], acontece el novilunio, aquel sobre el que la Ley de Moisés contiene la sombra. Pues dice [la Escritura]: “Que nadie los juzgue por el alimento o por la bebida o con respecto a una fiesta, o el novilunio o el sábado. Estas cosas son la sombra de las realidades futuras[11]” (Col 2,16-17). Por consiguiente, también el discurso sobre el novilunio contiene “la sombra de las realidades futuras”. ¿Pero cuáles son estas realidades futuras? Escucha. Allí habrá de nuevo novilunios y de nuevo plenilunios, pero los novilunios no sucederán por obra de este sol, que “será liberado de la servidumbre de la corrupción” (Rm 8,21), como está escrito, ni por obra de esta luna, sino que el novilunio es realizado por Cristo sol y por la Iglesia. Entonces podremos tocar las trompetas, entonces podremos gozar de la voz potente de los misterios divinos.

El plenilunio 

6.2. Ahora bien, ¿quién es digno de llegar a aquel novilunio y a aquel “día solemne de nuestra fiesta” (Sal 80 [81],4), para el que se preparan especialmente las trompetas? Las otras ediciones, en vez del “día solemne de nuestra fiesta”, tienen: “en el plenilunio”; pero alguien también puso: “a mitad del mes”. Ni en uno u otro día sucede la conjunción de la luna con el sol, y cuando la luna resplandece toda iluminada por el sol y para quienes están en la tierra es así iluminada y se encuentra en conjunción, pero no como para dar a conocer su [fuente de] iluminación -en cambio, en el plenilunio está iluminada y su [fuente de] iluminación es conocida-, cuando así resplandezca asimismo mi Iglesia y, hallándome en ella, pueda obrar de forma que la luz del sol de justicia (cf. Ml 3,20) sea conocida por otros, también por aquellos que no son parte de la Iglesia, entonces acontece el plenilunio, la verdadera fiesta celestial. 

Testimonio

6.3. Y entonces será necesario tocar las trompetas “en el día solemne de nuestra fiesta” (Sal 80 [81],4), y hacerlo por esta causa: “Porque es un precepto para Israel y un mandato para el Dios de Jacob” (Sal 80 [81],5). Todas estas cosas, “recibir un salmo, dar el tímpano” (Sal 80 [81],3) y lo demás, son preceptos para Israel, para aquel que ve a Dios. Y son mandatos establecidos por el Dios de Jacob: “Los ha dado como testimonio en José” (Sal 80 [81],6). ¿Qué es el testimonio y para quién? No para el patriarca José sino para sus descendientes, para los descendientes de Efraím, para Jeroboam, que produjo un cisma en el pueblo. Por consiguiente, estas palabras son un testimonio para él. Nosotros, a menudo, lo hemos interpretado en relación a aquellos que se separan de la Iglesia, pues son heterodoxos. Por tanto, las palabras se convierten para él en testimonio y preceptos de Dios.


[1] Tubas ductiles (en la LXX: elatas): esta expresión no aparece en el libro de Josué, sino en Nm 10,2 (cf. Sal 97 [98],6; Si 50 16 [18]). Cf. Clemente de Alejandría, Protréptico 11,116.3: “La trompeta de Cristo es su Evangelio; Él tocó la trompeta y nosotros escuchamos. Armémonos pacíficamente, revestidos con la coraza de la justicia (Ef 6,14; cf. 1 Ts 5,8; Is 59,17), tomando el escudo de la fe y ceñidos con el yelmo salvador, afilemos la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios (Ef 6,17). Así nos prepara pacíficamente el Apóstol”. Ver SCh 71, pp. 194-195, nota 1.

[2] Otra traducción: “Pedro también hizo resonar las dos trompetas de sus epístolas”.

[3] Algunos manuscritos añaden: “y el Apocalipsis”. Se discute en torno a este canon del NT: ¿es un agregado o una “acomodación” de Rufino? Hay quienes niegan la autenticidad de esta enumeración en tanto que otros la aceptan (cf. SCh 71, pp. 196-197, nota 1).

[4] Iesum ducem per fidem. Otra traducción: “… Jesús para conducirte por la fe”.

[5] Tubas ductiles.

[6] Orígenes, Homilías sobre el libro de Josué, VII,1.2 y 2.4-5.

[7] Lit.: incorruptibles.

[8] Lit.: con voz de mando.

[9] Cf. Orígenes, Homilías sobre el Éxodo, II,1: «Nosotros, que sabemos que todo ha sido escrito, no para narrar hechos antiguos, sino para nuestra instrucción y utilidad, comprendemos que esto que se ha leído, también se realiza ahora y no solamente en este mundo, que figuradamente es llamado Egipto, sino también en cada uno de nosotros. Busquemos, por tanto, cómo el rey de Egipto, que es “el príncipe de este mundo” (cf. Jn 16,11), no quiere dejar vivos a los varones, y sí a las mujeres. Si recuerdan, a menudo -discutiendo estas cosas- hemos mostrado que las mujeres simbolizan (lit.: designan) la carne y el afecto de la carne, mientras que el hombre es el sentido racional y el espíritu inteligente. Por tanto, a este sentido racional, que puede saborear las cosas celestiales, que puede comprender a Dios y “buscar las cosas de arriba” (cf. Col 3,1), a éste odia el faraón, rey y príncipe de Egipto, a éste desea matar y destruir. Desea también que viva todo lo que es carnal y perteneciente al cuerpo material (cf. Flp 3,19), desea que esto no solo viva, sino que crezca y se desarrolle. Quiere, entonces, que todos saboreen lo carnal, deseen lo temporal, busquen “lo que está sobre la tierra” (cf. Col 3,2), que nadie “eleve al cielo sus ojos” (cf. Lc 18,13), que nadie se pregunte de dónde ha venido, que nadie recuerde (su) patria, el paraíso. Por tanto, cuando veas a hombres que pasan la vida entre voluptuosidades y delicias, que se bañan en el lujo, que se dan a los festines, al vino, los banquetes, la lujuria y las impudicias (cf. Rm 13,13), conoce que en éstos el rey de Egipto mata a los varones y deja vivir a las mujeres. Pero si ves alguno excepcional, “uno entre mil” (cf. Qo 7,28 [29]), que se convierte a Dios, que levanta sus ojos, que busca las cosas que son perdurables y eternas, que contempla no “las cosas que se ven, sino las que no se ven” (cf. 2 Co 4,18), que odia las delicias, que ama la continencia, que huye de la lujuria, que cultiva la virtud, a éste, porque es varón, porque es hombre, desea matar el Faraón, lo persigue, lo acosa y (emplea) contra él mil maquinaciones para combatirlo. Odia a gente de tal clase, no permite que vivan en Egipto. De aquí, por tanto, que todos los que sirven a Dios en este mundo y todos que buscan a Dios, sean menospreciados y despreciados. Por eso son expuestos a insultos, colmados de oprobios; por eso también mueven contra ellos persecuciones y odio, porque los odia el Faraón, odia a los hombres de esta clase…».

[10] Cf. Orígenes, Homilías sobre el libro de los Números, XXIII,5.2: «Se llama festividad de la Neomenia cuando comienza a cambiar la luna y se acerca mucho al sol y en estrecha conjunción. El Sol de Justicia es Cristo: si a éste la luna, esto es, su Iglesia, que se llena de su luz, estuviese unida y se adhiriera del todo a Él, de modo que, según la palabra del Apóstol, quien se une al Señor se hace un solo espíritu con Él, entonces celebra la fiesta de la Neomenia, entonces, pues, se hace nueva, cuando rechaza el hombre viejo y se reviste del nuevo, que fue creado según Dios, y así celebrará con razón la solemnidad de la innovación, que es la fiesta de “la Neomenia”. Y finalmente llega un momento en que la luna no puede verse ni contemplarse por miradas humanas. Cuando el alma entera, pues, se haya unido al Señor y se haya entregado totalmente al esplendor de su luz, no pedirá en absoluto nada mundano ni buscará agradar a los hombres, sino que, vuelta sutil y espiritual, se abandonará toda entera a la luz de la sabiduría, toda entera al calor del Espíritu Santo. ¿Cómo puede ser vista por los hombres o ser captada por miradas humanas?, pues el hombre animal no puede entender y discernir al hombre espiritual. Por eso celebrará dignamente el día de la fiesta, e inmolará al Señor una víctima de la Neomenia, en cuanto renovada por el Señor».

[11] O: venideras.