OBRAS DE LOS PADRES DE LA IGLESIA (823)

La visitación de la Virgen María a su prima Isabel

Hacia 1180

Salterio

Fécamp, Francia

Orígenes, Homilías griegas sobre los Salmos

Homilía IX sobre el Salmo 77 (78)

Introducción

Nuestro adversario, el Maligno, nada puede contra nosotros si Jesucristo está despierto en nuestro interior. En cambio, cuando pescamos Y el señor parece estar adormecido en nosotros, las tempestades nos abruman y nos sumergen (§ 2.1). 

Debemos esforzarnos por alegrar al señor, hacerlo feliz, por así decirlo, “endulzarlo” con nuestras buenas acciones y palabras (§ 2.2). 

Cuando estamos “sobrios”, cuando somos “sensatos o prudentes, hospitalarios y ordenados”, entonces el señor despierta en y para nosotros, “como si fuera un fuerte ebrio de vino” (§ 2.3).

“Dios golpea por la espalda a sus enemigos”. Orígenes interpreta este versículo del salmo aplicándolo, ante todo, al diablo. Y luego, como una prolongación, al que no mira de frente al Señor, sino que huye de Él (§3.1).

Hay una sola forma de evitar que seamos golpeados por la espalda: caminar siempre detrás de Jesús. Así, mirando la espalda de Jesucristo nada temeremos (§ 3.2).

Texto 

El Señor se despierta y golpea a nuestros enemigos

2.1. Es necesario que anticipe algo antes del versículo que sigue, para que sean más claras las palabras: “El Señor se despertó como quien duerme” (Sal 77 [78],65). Digo que el enemigo nada puede contra ti cuando Dios vela por ti; pero si se dice que el enemigo puede algo contra ti, entonces Dios duerme para ti. Así como nada podían los vientos contrarios, nada podían las olas, nada podía el mar, mientras Jesús estaba despierto, en cambio, cuando se durmió el viento contrario comenzó a soplar, las olas se alzaban y la barca estaba en peligro de ser hundida por las olas; hasta que los navegantes, que velaban orando, despertaron a Jesús; y Él, levantándose, conminó al mar, cesó los vientos contrarios e hizo la calma (cf. Mc 4,37-40). Comprende del mismo modo respecto de los enemigos, de las potestades adversas: ellas tienen poder cuando duermes y, puesto que duermes, Dios se ha adormecido para ti; pero cuando te despiertas, “el Señor se despierta como quien duerme, y golpea a tus enemigos por la espalda” (Sal 77 [78],65-66).

Alegrar al Señor 

2.2. ¿Quién es digno hacer propicio a aquel que, por así decirlo, se alegra[1] por él? Pues hay quien amarga al Señor y hay quien lo alegra. Mi vida de una cierta clase amarga al Señor, en tanto que las acciones de otro tipo alegran al Señor. Por ejemplo, como dice el profeta: “Que te sea dulce mi hablar” (Sal 103 [104],34); y, al contrario: “Te han amargado[2], oh Señor” (Sal 5,11). Pero no solamente, sino que “el Señor se despierta como quien duerme”, pero también “como un fuerte ebrio de vino” (Sal 77 [78],65).

“Como un fuerte ebrio de vino”

2.3. ¡Qué no hacemos nosotros con Dios! Si fuera yo quien dice que Dios se levanta “como un fuerte ebrio de vino” (Sal 77 [78],65), quién de entre aquellos que aman las disputas no se la tomaría conmigo diciendo: «Tú, uno a quien se le ha enseñado que “los borrachos no heredarán el reino de Dios” (1 Co 6,10), ¿atribuyes a Dios ebriedad y crápula?». Y, sin embargo, el Espíritu Santo, que tiene el poder de expresarse libremente, ha dicho que en ocasiones Dios se levanta “como un fuerte ebrio de vino”. Tal vez, nosotros, por decirlo de alguna forma, adormecemos a Dios y lo emborrachamos de modo que duerme, se enoja, etc., para que Dios no nos vigile, sino que sea “como un fuerte ebrio de vino”. Pero si nos convertimos, para vivir de una forma sobria[3], como dice el Apóstol sobre alguien: “Sobrio, sensato, hospitalario, ordenado” (1 Tm 3,2); si devenimos sensatos, Dios se despierta para nosotros “como un fuerte ebrio de vino” (Sal 77 [78],65). 

“Golpea sus enemigos por la espalda”

3.1. Pues castigando está ebrio de vino, pero cesando su cólera se levanta “como un fuerte ebrio de vino” (Sal 77 [78],65). ¿Y qué hace Dios cuando “se despierta como quien duerme, como un fuerte ebrio de vino” (Sal 77 [78],65)? “Golpea, dice [el salmista], a sus enemigos por la espalda, les dio oprobio eterno” (Sal 77 [78],66). Ha dicho: “Golpeó a sus enemigos”. ¿Qué necesidad de agregar: “Por la espalda”? Pero veámoslo. El que huye de Dios, le da la espalda. Así era aquel que antes mencionamos: el dragón, la serpiente huidiza, el perverso, aquel que es eliminado por la espada de Dios, santa y grande (cf. Is 27,1). Por tanto, puesto que los enemigos huyen de Dios, por este motivo, la condena divina, al perseguirlos, no los golpea sobre el pecho. En efecto, quienes miran a Dios ante sí y se le presentan no son golpeados; pero cuando alguien huye de Dios, entonces es golpeado, siendo enemigo y arrojando a Dios a su espalda. Por eso Dios, que ha sido echado a la espalda, golpea por la espalda a quien lo echa detrás de sí.

Caminando detrás de Jesús

3.2. ¿Quieres saber quién es el que arroja a Dios a la espalda? Escucha el Salmo 49: “Arrojaron mis palabras a la espalda[4]” (Sal 49 [50],17)[5]. El que arroja las palabras a la espalda, ha arrojado a Cristo a la espalda; habiéndolo arrojado a la espalda, será golpeado por Él en la espalda. ¿Quién, entonces, no es golpeado en la espalda como el que huye de Dios, sino que es honrado como amigo de Dios? Tú que tomas la cruz y vas tras Cristo (cf. Mt 16,24) no puedes ser golpeado en la espalda, porque tu espalda está protegida no por uno que está detrás de ti, sino que tu espalda está protegida por Jesús, pues tú miras la espalda de Jesús, y ella es curada, custodiada y fortalecida[6]. Y un escudo fortalece tu espalda y estás verdaderamente exento de preocupaciones, mientras caminas tras el Señor tu Dios y mientras vas detrás de Jesús, porque nada te golpeará por la espalda.


[1] El término griego que utiliza Orígenes es: edomenon, que también podría traducirse por hacer agradable, regocijar, sazonar. La versión en italiano opta por: endulzar, siguiendo el texto del Salmo 103 (Origene, p. 437).

[2] O: exasperado.

[3] O: con templanza.

[4] Lit.: “expulsó mis palabras hacia atrás”.

[5] Cf. Orígenes, Homilías sobre el Levítico, VII,6: «Hay quienes asumen la alianza de Dios con su boca, y cuando tienen la Ley de Dios en la boca, su vida y sus acciones (están) lejos de sus palabras, y sus discursos discrepan; “porque dicen y no hacen” (Mt 23,3). Sobre los cuales dice también el profeta: “Pero al pecador le dice Dios: ‘¿Por qué recitas mis justicias y tienes mi alianza en tu boca?’ (Sal 49 [50],16)”. Ves, por consiguiente, de qué modo tiene este que rumia la alianza de Dios en su boca. Pero qué se le dice en lo que sigue: “Tú, en cambio, odiaste la disciplina y arrojaste mis palabras detrás de ti” (Sal 49 [50],17)…».

[6] O: amurallada.